domingo, 11 de noviembre de 2012

El mejor día de tu vida


No te detengas en lo malo que has hecho;
camina hacia lo bueno que puedes hacer.

No te culpes por lo que hiciste,
decide no repetirlo.

No te mires con tus ojos,
contémplate con la mirada de quien amas.

No pienses en lo largo que es el camino
de tu transformación,
sino que en cada paso que des estarás
más cerca de ser lo que quieres ser.

No confíes en tus propias fuerzas;
pon tu vida en manos de Dios.

No trates que otros cambien;
comienza por tu propia vida.

Deja que el amor te inunde
y no te defiendas de él.

Sólo contempla la meta
y no veas lo difícil que es alcanzarla.

Vive cada día, aprovecha el pasado para bien
y deja que el futuro llegue a su tiempo.

No sufras hoy por lo que viene,
recuerda que "cada día tiene su propia finalidad”.


Busca alguien con quien compartir
tus luchas hacia la libertad;
una persona que te entienda,
te apoye y te acompañe.

Ante cualquier provocación,
trata de responder en lugar de reaccionar.

Si tu felicidad y tu vida dependen
de alguien que no es Dios,
estás apoyando la escalera
en la pared equivocada.

Aprende a mirarte
con amor y respeto.

Vivir Sirviendo,
Vivir Amando.


“Que éste sea el mejor día de tu vida,
bendecido por el amor de Dios”

sábado, 10 de noviembre de 2012

Receta para un Día más Feliz


1 taza de palabras amables
2 tazas colmadas de comprensión
3 cucharaditas colmadas de
tiempo y paciencia
Una pizca de buen corazón
Un toque de humor

Mida las palabras cuidadosamente,
añada las tazas colmadas de
comprensión.

Agregue abundante cantidad de
tiempo y paciencia.
Cocine todo de inmediato.

Haga de esta receta su prioridad,
pero conserve la temperatura en bajo.

No hierva la preparación.

Agregue un toque generoso de humor
y una pizca de buen corazón.

Sazone a gusto con las especias de la vida.

Sirva en moldes individuales.

Y disfrútelo con sus seres queridos!!!!


Nos acostumbramos

Nos acostumbramos a vivir en nuestra casa y a no tener otra vista que no sean las ventanas de los edificios que nos rodean. Y como estamos acostumbrados a no ver más que ventanas y edificios, nos acostumbramos a no mirar hacia afuera.

Como no miramos hacia afuera, nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Al no abrir completamente las cortinas nos acostumbramos a encender la luz antes. Nos acostumbramos tanto, que olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos el paisaje.

Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde. A tomar rápido el desayuno porque llegamos tarde. A comer un sándwich porque no tenemos tiempo para comer a gusto. A salir del trabajo cuando ya anocheció. A cenar rápido y dormir con el estómago pesado sin haber vivido el día, porque tenemos que ir a trabajar temprano.

Nos acostumbramos a esperar un “no puedo" en el teléfono. A sonreír sin recibir una sonrisa de vuelta. A ser ignorados cuando necesitamos ser vistos. Si el trabajo resulta duro, nos consolamos pensando en el fin de semana. Y cuando llega el fin de semana, nos aburrimos y deseamos que llegue el lunes para ir a trabajar.

Nos acostumbramos tanto a este estilo de vida, que parece que estamos ahorrando vida por miedo a gastarla, y  al final, nos olvidamos de vivir.
 
 “Acuérdate de tu Creador ahora que eres joven.
Acuérdate de tu creador antes que vengan los días malos.
Llegará el día en que digas:
“No da gusto vivir tantos años”

Eclesiastés 12:1  

"La muerte está tan segura de su victoria
que nos da toda una vida de ventaja"



Fuente: www.reflexionesparaelalma.net

viernes, 9 de noviembre de 2012

¿Qué es vivir?

 
Vivir, es vibrar a cada instante, ante la emoción de percibir la maravilla de la creación que nos rodea.
 
Vivir, es entender que cada minuto que transcurre no volverá. Es atraparlo intensamente, porque forma parte del tiempo, que sabemos ha quedado en el ayer.
 
Vivir, es saber dar lo mejor de nosotros, es vibrar en la bondad, y llevar a su máxima expresión, nuestra capacidad de ser.
 
Vivir, es gozar los momentos bellos y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.
 
Vivir, es aprender más cada día, es evolucionar y cambiar para hacer de nosotros un ser mejor que ayer, un ser que justifica su existir.
 
 
Vivir, es amar intensamente a través de una caricia, es escuchar en silencio la palabra del ser amado. Es perdonar sin réplica una ofensa, es aspirar la presencia del otro, es besar con pasión a quien nos ama.
 
Vivir, es contemplar apaciblemente, la alegría de un niño, escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.
 
Vivir, es comprender al amigo ante la adversidad y aunque se tenga mil argumentos para contradecirlo o justificarlo, finalmente sólo escucharlo, es tener la capacidad de regocijarme ante sus triunfos y su realización.
 
Vivir, es sentir que nuestro existir no fue en vano y en la medida en que nos atrevamos a dar lo mejor de nosotros en cada momento, logremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.
 
 
Vivir, es permanecer en paz ante la presencia de Dios, contemplando en silencio la inmensidad de su Ser.
 
Vivir, es vibrar y sentir, es amar y gozar, es observar y superar, es dar y aceptar, es ser y permanecer, es comprender que nuestro tiempo es lo único que poseemos para realizar plenamente nuestro ser.
Autor desconocido
Fuente: “Nuestra edad”

miércoles, 7 de noviembre de 2012

El mendigo musical



Esta historia es sobre un hombre que reflejaba en su forma de vestir la derrota, y en su forma de actuar la mediocridad total.
Ocurrió en París, en una calle céntrica aunque secundaria. Este hombre, sucio, maloliente, tocaba un viejo violín.
Frente a él y sobre el suelo estaba su boina, con la esperanza de que los transeúntes se apiadaran de su condición y le arrojaran algunas monedas para llevar a casa.

El pobre hombre trataba de sacar una melodía, pero era del todo imposible identificarla debido a lo desafinado del instrumento, y a la forma displicente y aburrida con que tocaba ese violín.


Un famoso concertista, que junto con su esposa y unos amigos salía de un teatro cercano, pasó frente al mendigo musical.
Todos arrugaron la cara al oír aquellos sonidos tan discordantes. Y no pudieron menos que reír de buena gana.
La esposa le pidió, al concertista, que tocara algo. El hombre echó una mirada a las pocas monedas en el interior de la boina del mendigo, y decidió hacer algo.
Le solicitó el violín. Y el mendigo musical se lo prestó con cierto recelo.

Lo primero que hizo el concertista fue afinar sus cuerdas.
Y entonces, vigorosamente y con gran maestría arrancó una melodía fascinante del viejo instrumento. Los amigos comenzaron a aplaudir y los transeúntes comenzaron a arremolinarse para ver el improvisado espectáculo.
Al escuchar la música, la gente de la cercana calle principal acudió también y pronto había una pequeña multitud escuchando arrobada el extraño concierto
La boina se llenó no solamente de monedas, sino de muchos billetes de todas las denominaciones. Mientras el maestro sacaba una melodía tras otra, con tanta alegría.
El mendigo musical estaba aún más feliz de ver lo que ocurría y no cesaba de dar saltos de contento y repetir orgulloso a todos: “¡¡Ese es mi violín!! ¡¡Ese es mi violín!!”. Lo cual, por supuesto, era rigurosamente cierto.

La vida nos da a todos “un violín”. Son nuestros conocimientos, nuestras habilidades y nuestras actitudes. Y tenemos libertad absoluta de tocar “ese violín” como nos plazca.
Se nos ha dicho que Dios nos concede libre albedrío, es decir, la facultad de decidir lo que haremos de nuestra vida. Y esto, claro, es tanto un maravilloso derecho, como una formidable responsabilidad.
Algunos, por pereza, ni siquiera afinan ese violín. No perciben que en el mundo actual hay que prepararse, aprender, desarrollar habilidades y mejorar constantemente actitudes si hemos de ejecutar un buen concierto.


Pretenden una boina llena de dinero, y lo que entregan es una discordante melodía que no gusta a nadie.
Ésa es la gente que hace su trabajo de la forma: “se va…”, Que piensa en términos de “me vale…”, y que cree que la humanidad tiene la obligación de retribuirle su pésima ejecución, cubriendo sus necesidades.
Es la gente que piensa solamente en sus derechos, pero no siente ninguna obligación de ganárselos.
La verdad, por dura que pueda parecernos, es otra.
Tú y yo, y cualquier otra persona, tenemos que aprender tarde o temprano, que los mejores lugares son para aquellos que no solamente afinan bien ese violín, sino que aprenden con el tiempo también a tocarlo con maestría.
Por eso debemos de estar dispuestos a hacer bien nuestro trabajo diario, sea cual sea. Y aspirar siempre a prepararnos para ser capaces de realizar otras cosas que nos gustarían.
La historia está llena de ejemplos de gente que aún con dificultades iniciales llegó a ser un concertista con ese violín que es la vida. Y también, por desgracia, registra los casos de muchos otros, que teniendo grandes oportunidades, decidieron con ese violín, ser mendigos musicales.
La verdad es que Dios nos concedió “libre albedrío”. Tú puedes hacer algo grande de tu vida, o hacer de ella algo mediocre. Ésa es tu decisión personal.


LO NEGATIVO: Negarnos a afinar bien nuestro violín de la vida. Y quejarnos de que la gente no disfrute la melodía que sacamos de él.
LO POSITIVO: Comprender que, nos guste o no, solamente prosperaremos si afinamos bien ese violín, y aprendemos a sacar de él las mejores melodías.
Para Ana y María del Valle que siempre comparten con nosotros estas reflexiones:
¡GRACIAS!

lunes, 5 de noviembre de 2012

Un regalo para mi mamá. Un regalo para Jesús


Desde la muerte de su padre, la familia de Roberto había luchado por subsistir. A pesar de los esfuerzos de su mamá, nunca había suficiente para todos. La pobre mujer trabajaba el turno de la noche en el hospital, pero lo poco que ganaba no le alcanzaba para mantener a su familia, aunque lo que no podía darles en lo material, lo compensaba con amor y ternura.


Se acercaba el día de Navidad y las tres hermanas de Roberto ya le habían hecho a su mamá un lindo regalo. Pero él seguía sin tener el dinero necesario.
No es justo, pensaba Roberto, que tenía apenas seis años de edad. Faltan pocas horas para Navidad, y no tengo absolutamente nada que darle a mamá. Procurando contener las lágrimas, se encaminó hacia alguna de las tiendas del pueblo. Pasó por una tras otra y contempló las vidrieras decoradas. En cada una de ellas podía ver regalos que él jamás podría comprarle a su madre.


Casi de noche, Roberto decidió volver a su casa, cuando  pronto observó una moneda que brillaba en la acera. ¡Nadie jamás se sintió tan rico como Roberto al recogerla! Con su nuevo tesoro en la mano, entró alegre en la primera tienda que vio. Pero su ánimo decayó tan pronto como el vendedor le explicó que allí no podía comprar nada con una sola moneda.




 

Por lo tanto, entró en la floristería de enfrente y con decisión mostró la moneda y preguntó si eso le alcanzaba para comprar una flor para su mamá como regalo de Navidad. El comerciante lo miró con ternura, se inclinó y le dijo: Espera aquí un momento, que voy a ir a ver si hay algo que pueda hacer por ti.


Ante el asombro de Roberto, el dueño regresó con una docena de unas preciosas rosas rojas atadas con un lindo lazo plateado. Ahora sí me puedes dar la moneda que tienes en la mano jovencito, le dijo el hombre. Sabes, tenía estas rosas a un precio rebajado ¡Una docena por una sola moneda! ¡Menos mal que llegaste a tiempo para comprarlas, si no, nadie hubiera aprovechado esta magnífica oferta!


Roberto le dio las gracias, pagó y salió de la tienda. El hombre se asomó para ver cómo el niño se alejaba dando saltos de alegría. Más tarde, se le acercó su esposa y conmovido le contó:
-Esta mañana, antes de abrir el local, percibí en mi interior, una voz que me decía: aparta una docena de tus mejores rosas para un regalo muy especial. No se por qué, pero lo hice. Pasé todo el día esperando que ocurriera algo con esas rosas y justo antes de cerrar, un niño entró con la intención de comprarle a su mamá una flor con una sola monedita. Recordé que hace muchos años, cuando era niño, me había pasado algo muy parecido. Yo tampoco tenía dinero para comprarle un regalo de Navidad a mi madre, pero un desconocido me vio en la calle y me dio exactamente el dinero que necesitaba. Cuando vi a ese niño esta noche, supe que la voz que había oído esta mañana era real, así que fui y le entregué el ramo de rosas. Pero aún hay más, en mi corazón sentí que aquél regalo, no sólo lo preparaba para ese niño y su mamá, de alguna manera supe que lo estaba preparando para Jesús, en el día de su cumpleaños.



 Jesús te dice:
“Lo que ustedes hicieron para ayudar a uno de mis hermanos más pequeños, es como si lo hubieran hecho por Mí” 
Mateo 25:40

sábado, 3 de noviembre de 2012

No te dejes vencer por el desaliento



Cuenta la historia que un día, el diablo decidió retirarse de su actividad y vender sus herramientas al mejor postor. Cuando llegó la noche de la venta, tenía preparado todo su material, que por cierto, era un lote siniestro: odio, celos, envidia, malicia, engaño... y todo lo malo que puedas imaginar.
De entre todas las herramientas había una muy gastada, como si hubiese sido usada muchísimas veces. Sin embargo, era más cara que el resto de las herramientas. Alguien le preguntó al diablo, cual era esa herramienta tan cara. "Desaliento" fue la respuesta.
¿Por qué su precio es tan alto?, siguió preguntando. Porque esa herramienta, respondió el diablo, es la más útil de todas, con ella puedo entrar en la conciencia de las personas y una vez dentro, por medio del desaliento, puedo hacer de esa persona lo que se me antoje.
Está muy gastada, porque la uso con casi todos los seres de este mundo.
A pesar de la explicación y de ver la gran utilidad de esa herramienta, nadie la pudo comprar, porque el precio del desaliento era muy alto. Esa es la razón por la que aún sigue siendo propiedad del diablo.
El desaliento es uno de los estados de ánimo contra el cual es indispensable fortalecerse. Nos desalentamos con las situaciones económicas, laborales, familiares, con el fracaso, con el engaño, con la mentira, con el desamor...
Debemos mantenernos alertas contra el desaliento.
Si hay un tropezón o una caída no hay que rendirse.
Cada día podemos empezar otra vez desde el punto más alto.
"Comienza haciendo lo que es necesario,
después lo que es posible y de repente
estarás haciendo lo imposible". 
San Francisco de Asís.
Ana y María del Valle nos han enviado esta reflexión para que perseveremos en nuestro caminar y potenciemos nuestra autoestima. Para ellas desde O Sol Xa Saíu:

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